El Centro Loyola Ayacucho, en coordinación con estudiantes de las carreras profesionales de Ciencias Políticas y Filosofía de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya (UARM), llevó a cabo el Encuentro–Taller “Raíces Vivas: Jóvenes por la Casa Común”, una experiencia formativa y participativa que reunió a jóvenes del proyecto “Constructores de Paz: Jóvenes activistas por la democracia y los derechos humanos” y a integrantes del Voluntariado MAGIS. Este espacio tuvo como propósito principal fortalecer el compromiso juvenil con el cuidado de la Casa Común, promoviendo una mirada crítica, ética y transformadora frente a los desafíos socioambientales actuales.
El encuentro buscó impulsar la comprensión de la ecología integral desde una perspectiva filosófica y humanista, invitando a las y los jóvenes a analizar las problemáticas ambientales no solo desde su dimensión ecológica, sino también desde sus implicancias sociales, políticas y éticas. A través del diálogo y la reflexión colectiva, se abordaron temas como la justicia ambiental, la interdependencia entre seres humanos y naturaleza, y la responsabilidad individual y colectiva en la defensa de la vida, poniendo en el centro a las comunidades más vulnerables y a los territorios históricamente afectados por la desigualdad ambiental.
El taller fue facilitado por las y los propios estudiantes de la UARM, quienes, desde sus conocimientos académicos, experiencias de formación y compromiso social, propusieron dinámicas y reflexiones inspiradas en los principios de la filosofía ignaciana. Este enfoque permitió generar un espacio de aprendizaje horizontal, donde se valoró el pensamiento crítico, el discernimiento y la acción consciente como herramientas fundamentales para la transformación social.
Como resultado, el Encuentro–Taller contribuyó de manera significativa al fortalecimiento de la conciencia ambiental de las y los participantes, así como al desarrollo de su capacidad de reflexión y acción comprometida en defensa de los derechos de la Tierra y de las comunidades. Esta experiencia reafirma la importancia de articular esfuerzos entre instituciones educativas y organizaciones sociales para formar juventudes críticas, sensibles y activas, capaces de incidir en la construcción de una sociedad más justa, solidaria y en armonía con la naturaleza.