El Centro Loyola Ayacucho, a través del proyecto “Comunidades nativas por la defensa de sus derechos colectivos en Ayacucho”, desarrolló un proceso participativo de elaboración de líneas de tiempo comunitarias junto a la comunidad nativa matsiguenga de Camavenia, ubicada en el distrito de Santa Rosa, y la comunidad nativa asháninka de Anato, en el distrito de Llochegua. Esta iniciativa tuvo como objetivo recuperar la memoria histórica, fortalecer la identidad colectiva y visibilizar los avances logrados por las comunidades en el ejercicio y defensa de sus derechos colectivos.
Las líneas de tiempo fueron plasmadas en un material didáctico y culturalmente significativo: telares de tucuyo, los cuales fueron dibujados y pintados por las propias y los propios miembros de las comunidades. En estos soportes, las personas participantes representaron de manera simbólica y narrativa su pasado, su presente y sus proyecciones hacia el futuro, integrando acontecimientos relevantes de su historia, los desafíos enfrentados y los sueños colectivos que orientan su caminar comunitario. Este ejercicio creativo permitió expresar, desde una mirada propia, la relación profunda entre territorio, cultura, organización y vida comunitaria.
A través de este proceso colectivo de reflexión y construcción de memoria, las comunidades lograron identificar y visibilizar los avances, aprendizajes y logros alcanzados como resultado del acompañamiento sostenido del Centro Loyola Ayacucho, reconociendo los cambios positivos generados en sus territorios y en sus formas de organización. Asimismo, este espacio fortaleció el sentido de pertenencia, la valoración de su historia y el reconocimiento de su identidad como pueblos originarios, elementos clave para la defensa de sus derechos y la continuidad de sus procesos comunitarios.
Los resultados obtenidos son fruto de un camino formativo integral, que ha incluido el conocimiento y ejercicio de sus derechos colectivos, la comprensión de los marcos normativos que los protegen, así como el impulso de una participación activa y organizada en la gestión de sus recursos naturales y su territorio. De esta manera, las comunidades avanzan hacia un mayor empoderamiento, reafirmando su capacidad de incidencia y toma de decisiones en la defensa de su vida, su cultura y su futuro.